jueves, 27 de septiembre de 2007

El viaje


Hace días y después de casi 5 años de estar en la gran Cd. del diario, hice mi primer viaje en metro YO SOLA. Luego de un arduo entrenamiento a mano de mi maestra de la urbe, Malu, pude llegar a la mancha de asfalto y tomar la decisión más importante de mi vida: ¿Cuál era le escalera que debía subir para ir a Fundidora? Sí, al llegar al metro olvidé el procedimiento y me bloqueé y luego de 2 segundos, mi búsqueda de supervivencia me indicó: “Calma calma trata de recordar…” Y fue así como conseguí no caer en pánico y recordé cuál era la escalera correcta. Al llegar, venía bajando una manada de gente tal como una estampida en campo libre de África, al ver esto, me sentí como en una película de la India María, en donde la niña de rancho llega a la gran cuidad y lo único que se le ocurre es ponerse a llorar de tanta gente desconocida que ve pasar ante sus ojos, pero noooooo…!! Así que comencé a caminar cual salmón contra la corriente desidia a llegar a mi destino.

Después de mi viaje por las escaleras, llegué al andén y llegó el metro …no sé de dónde salio tanta gente, pero todos subimos y comenzó el paseo.

Cuando estaba por llegar a la estación donde me iba a bajar y creyéndome victoriosa de mi odisea, sentí cómo de pronto el metro se paraba en medio de la nada y recordé la lección número 80 de mi “Manual para rancheros de visita en la cuidad” …Relájate, espera 2 hrs y luego grita!!! Pero por suerte sólo fueron 5 minutos y el viaje llegó a su fin y con él mi sufrimiento; y esto porque al bajar del bendito metro me topé con respetable caballero que me dijo: “Disculpe, en dónde está la avenida … ( nunca había escuchado ese nombre, así que no lo recuerdo)” a esto yo contesté lo que todo provinciano haría en mi lugar : “ No sé señor, no soy de aquí” el sujeto me miro con cierta desconfianza para luego decirme “Gracias”.

En fin, para la gente de cuidad abordar el metro no tiene la mínima trascendencia, pero para alguien en cuyo ranchito un mismo camión (sí, camión, porque en mi aldea no hay rutas) te lleva a todas partes, es toda un aventura.

Lo que no puedo negar es que me encanta a ver nacido en ciudad y haberme criado en mi paradisiaco ranchito.

Saludos.

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